Este es un artículo publicado ayer lunes 30 de agosto en El Mundo por Salvador Sostres:
“Si iban a que les rompieran la cara para poner en evidencia al régimen dictatorial de Marruecos, puedo comprenderlo. Si lo que pretendían es ofrecer su cuerpo como prenda para que el mundo viera hasta qué punto los derechos civiles son pisoteados en aquél país bárbaro y equivocado, podría reconocerles algún tipo de épica.
Pero lo que resulta absurdo, e inadmisible por cierto, es la sorpresa, esas declaraciones de indignación como de una niña tonta en medio de una orgía. Si organizas una manifestación ilegal en suelo marroquí y contra Marruecos, lo mínimo que te puede pasar es que te partan la cara. Son las cosas que tienen las dictaduras. Y de hecho, lo normal es que te liquiden; o sea, que en el fondo, les ha salido barato.
Hay que combatir las dictaduras, pero la inteligencia tiene que formar parte de toda estrategia. No parece razonable ir a que te torturen un raro por desafiar –de un modo tan naïf y estéril- al rey de Marruecos, pero cada uno hace lo que quiere cin su integridad física y eso también hay que respetarlo. Lo que está totalmente fuera de lugar es decir que no te lo esperabas y, sobre todo, no esperártelo.
[…]
Si con todo lo que ha ocurrido últimamente todavía queda gente suficientemente hueca como para ir a jugarse la vida por nada, que lo hagan. Pero asumiendo el riesgo y pagándose por ellos mismos sus aventuras solidarias. España es un Estado serio y no una guardería de niños creciditos que aún no se han encontrado a ellos mismos.”
Totalmente de acuerdo. O yo soy un poco “parao” o estos más que activistas parecen gilipollas.
martes, 31 de agosto de 2010
Pedrouzo-Santiago de Compostela, ¡objetivo cumplido !
Último día, última etapa, y un único objetivo: llegar a Santiago.
Nuestro hospedaje se encontraba al final del pueblo de Pedrouzo, y por lo que nos comentó la dueña de la pensión ningún bar próximo abría antes de las siete o siete y media de la mañana .Demasiado tarde.
Las opciones eran dos, la primera retroceder casi un kilómetro para desayunar al inicio del pueblo o salir sin desayunar y hacerlo a unos 3 Km. Optamos por la segunda, pero eso conllevaba salir más temprano para compensar el rato del desayuno y que no se hiciera demasiado tarde en llegar a Santiago.
Estaba más oscuro que normalmente, la madrugada era bastante fría. Al dejar atrás el pueblo y su iluminación conectamos inmediatamente con el camino. Solo unos caminantes que vimos pasar por delante. No había nadie más. Era muy temprano y oscuro.
Inmediatamente nos dimos cuenta que no se veía el camino y nos tocó sacar por primera vez la linterna. Aunque pequeña daba suficiente luz para seguir el camino y sus ya familiares flechas amarillas que indican la dirección.
¡Por fin el desayuno! Al reiniciar la marcha ya era de día y el camino estaba bastante más frecuentado. No importaba que el camino fuera bonito o feo, fácil o difícil, lo importante era que era la última etapa y estábamos muy cerca.
Las piernas iban solas, no hacía falta motivación alguna, la ilusión por llegar era suficiente motivación.
Al llegar al Monte do Gozo, a pesar de los kilómetros y el cansancio acumulado en las piernas nadie se resiste a subir y tener la primera vista de la ciudad de Santiago.
La vista, aunque no muy hermosa pues apenas se divisan las agujas de la catedral, emociona al caminante e ilusiona más todavía si cabe en recorrer los últimos cinco kilómetros.
Al cruzar un puente de sobre la autovía se encuentra el letrero de Santiago. Ya estamos en la ciudad, ahora queda un paseo triunfal, merecido y muy emocionado hasta la catedral.
Al llegar la típica cola para recoger la Compostela, otra para poder abrazar al apóstol y por último escuchar la misa del peregrino.
Ahora toca descansar unos días con la satisfacción de haber cumplido el objetivo.
Nuestro hospedaje se encontraba al final del pueblo de Pedrouzo, y por lo que nos comentó la dueña de la pensión ningún bar próximo abría antes de las siete o siete y media de la mañana .Demasiado tarde.
Las opciones eran dos, la primera retroceder casi un kilómetro para desayunar al inicio del pueblo o salir sin desayunar y hacerlo a unos 3 Km. Optamos por la segunda, pero eso conllevaba salir más temprano para compensar el rato del desayuno y que no se hiciera demasiado tarde en llegar a Santiago.
Estaba más oscuro que normalmente, la madrugada era bastante fría. Al dejar atrás el pueblo y su iluminación conectamos inmediatamente con el camino. Solo unos caminantes que vimos pasar por delante. No había nadie más. Era muy temprano y oscuro.
Inmediatamente nos dimos cuenta que no se veía el camino y nos tocó sacar por primera vez la linterna. Aunque pequeña daba suficiente luz para seguir el camino y sus ya familiares flechas amarillas que indican la dirección.
¡Por fin el desayuno! Al reiniciar la marcha ya era de día y el camino estaba bastante más frecuentado. No importaba que el camino fuera bonito o feo, fácil o difícil, lo importante era que era la última etapa y estábamos muy cerca.
Las piernas iban solas, no hacía falta motivación alguna, la ilusión por llegar era suficiente motivación.
Al llegar al Monte do Gozo, a pesar de los kilómetros y el cansancio acumulado en las piernas nadie se resiste a subir y tener la primera vista de la ciudad de Santiago.
La vista, aunque no muy hermosa pues apenas se divisan las agujas de la catedral, emociona al caminante e ilusiona más todavía si cabe en recorrer los últimos cinco kilómetros.
Al cruzar un puente de sobre la autovía se encuentra el letrero de Santiago. Ya estamos en la ciudad, ahora queda un paseo triunfal, merecido y muy emocionado hasta la catedral.
Al llegar la típica cola para recoger la Compostela, otra para poder abrazar al apóstol y por último escuchar la misa del peregrino.
Ahora toca descansar unos días con la satisfacción de haber cumplido el objetivo.
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lunes, 30 de agosto de 2010
Castañeda-Pedrouzo, penúltimo escollo
Aunque todavía de noche, al menos no llovía, pues toda la tarde-noche del día anterior había estado lloviendo y tampoco había bruma.
Ningún caminante nos encontramos hasta llegar a Arzua, pues este es el teórico final de la etapa anterior, que nosotros habíamos acortado en 5 km, y era de allí de donde partían el grueso de caminantes.
Amaneció nublado y fresco, lo que se hace muy agradable para caminar. El recorrido repleto de repechos y bajadas de modo alternante, que aunque no eran de mucha dificultad se convertían en un auténtico rompepiernas .
La ilusión de ser la penúltima etapa nos daba fuerzas para continuar. Aun así había caminantes que a pesar de sus ganas no podían más y no tenían más remedio que coger un taxi para llegar a Santiago. Cada vez que veías pasar un taxi se te encogía un poco el corazón de pensar en esa persona que a pesar de su inmenso esfuerzo no había podido llegar al final.
Pedrouzo nos esperaba con una corta pero exigente pendiente. Un kilómetro más de lo esperado para cruzar todo el pueblo hasta la Pensión Maruja, al menos, eso lo habíamos ganado al día anterior.
Estábamos ya a pocos kilómetros, teníamos Santiago más cerca después de cuatro días intensos en donde habíamos recorrido unos cien kilómetros.
Ningún caminante nos encontramos hasta llegar a Arzua, pues este es el teórico final de la etapa anterior, que nosotros habíamos acortado en 5 km, y era de allí de donde partían el grueso de caminantes.
Amaneció nublado y fresco, lo que se hace muy agradable para caminar. El recorrido repleto de repechos y bajadas de modo alternante, que aunque no eran de mucha dificultad se convertían en un auténtico rompepiernas .
La ilusión de ser la penúltima etapa nos daba fuerzas para continuar. Aun así había caminantes que a pesar de sus ganas no podían más y no tenían más remedio que coger un taxi para llegar a Santiago. Cada vez que veías pasar un taxi se te encogía un poco el corazón de pensar en esa persona que a pesar de su inmenso esfuerzo no había podido llegar al final.
Pedrouzo nos esperaba con una corta pero exigente pendiente. Un kilómetro más de lo esperado para cruzar todo el pueblo hasta la Pensión Maruja, al menos, eso lo habíamos ganado al día anterior.
Estábamos ya a pocos kilómetros, teníamos Santiago más cerca después de cuatro días intensos en donde habíamos recorrido unos cien kilómetros.
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domingo, 29 de agosto de 2010
Palas de rei-Castañeda,preciosa etapa
Tempranito como siempre iniciamos el camino. La bruma era densa y baja. Las nubes cubrían un cielo oscuro pues todavía no había amanecido.
Pronto nos adentramos en el bosque. Mucha humedad y frescor nos acompañaban en este comienzo y prácticamente el resto del camino.
Los árboles, eucaliptos y castaños principalmente, no dejaban ver el cielo, solo podías ver ramas a través de la espesa bruma. Parecía oírse llover, pero se trataba del agua que caía de las hojas y mojaba el suelo.
El caminar se hacía agradable, por la belleza y la buena temperatura que nos acompañó todo el camino. Tanto es así que anduvimos 15 kilómetros de tirón hasta que paramos a almorzar.
Melide, famoso por sus pulperías ,era el lugar elegido. La pulpería Ezequiel nos recibió con un buen pulpo, como no, y un no menos bueno albariño que nos dio las fuerzas necesarias para finalizar la etapa.
El final , como siempre, se hizo más pesado. El esfuerzo va haciendo mella en las piernas y las plantas de los pies no dan para más. Habíamos decidido de antemano acortar la etapa y en lugar de Arzua, llegar a Castañeda 4 kilómetros antes, que a estas alturas es un mundo.
La pensión-casa rural Milia nos acogió estupendamente y nos deleitó con una exquisita y casera cena, que fue el preámbulo del retiro a los aposentos esperando un nuevo día.
Ahora ya había comenzado a llover y es que los dioses se aliaron con los caminantes y decidieron respetar el camino
Pronto nos adentramos en el bosque. Mucha humedad y frescor nos acompañaban en este comienzo y prácticamente el resto del camino.
Los árboles, eucaliptos y castaños principalmente, no dejaban ver el cielo, solo podías ver ramas a través de la espesa bruma. Parecía oírse llover, pero se trataba del agua que caía de las hojas y mojaba el suelo.
El caminar se hacía agradable, por la belleza y la buena temperatura que nos acompañó todo el camino. Tanto es así que anduvimos 15 kilómetros de tirón hasta que paramos a almorzar.
Melide, famoso por sus pulperías ,era el lugar elegido. La pulpería Ezequiel nos recibió con un buen pulpo, como no, y un no menos bueno albariño que nos dio las fuerzas necesarias para finalizar la etapa.
El final , como siempre, se hizo más pesado. El esfuerzo va haciendo mella en las piernas y las plantas de los pies no dan para más. Habíamos decidido de antemano acortar la etapa y en lugar de Arzua, llegar a Castañeda 4 kilómetros antes, que a estas alturas es un mundo.
La pensión-casa rural Milia nos acogió estupendamente y nos deleitó con una exquisita y casera cena, que fue el preámbulo del retiro a los aposentos esperando un nuevo día.
Ahora ya había comenzado a llover y es que los dioses se aliaron con los caminantes y decidieron respetar el camino
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viernes, 27 de agosto de 2010
Portomarín-Palas de Rei, poco que ver
Ese es mi resumen de la etapa. Así como destacaba la belleza delos caminos y paisajes del día de ayer, hoy todo lo contrario.
El camino se encuentra pegado a la nacional en prácticamente todo el trayecto, en ocasiones caminas paralelo y en otras un poco metido al interior que dejan ver algo de paisaje.
Esto hace que resulte aburrido y pesado, además de ser una etapa bastante larga con poco más de 25 km.
Destaca también la menor cantidad de paradas tanto para poder comprar algún recuerdo como para llenar el buche.
Salimos sobre las 7 como debe ser, y tras las tres primeras horas de camino el hambre apretaba y nos obligó a parar y pegar un bocado. Hasta aquí el trayecto monótono, pero no muy difícil, excepto una exigente pendiente de aproximadamente setecientos metros que te deja baldado, ¡menudo repecho!.
Tras el almuerzo una condena, casi seis kilómetros seguidos de bajadas con algún falso llano intercalado. No podéis imaginaros, los que no habéis hecho el camino, lo que cansa bajar. Lo digo en serio, el cuerpo tiende a bajar rápido (por la gravedad claro) y te empuja hacia abajo, mientras tú lo intentas frenar, por lo que los pies resbalan hacia delante en la bota y van friccionando la planta sobre la suela produciendo dolor por la fricción y peligro de generar ampollas.
El final cansado por la dureza del último tramo que se une al cansancio acumulado, tanto es así que a apenas 3 o 4 Km del final de etapa necesite parar en un bar a sentarme y tomarme una cerveza fresca, que me dio fuerza para acabar.
¡Ya estamos más cerca!
El camino se encuentra pegado a la nacional en prácticamente todo el trayecto, en ocasiones caminas paralelo y en otras un poco metido al interior que dejan ver algo de paisaje.
Esto hace que resulte aburrido y pesado, además de ser una etapa bastante larga con poco más de 25 km.
Destaca también la menor cantidad de paradas tanto para poder comprar algún recuerdo como para llenar el buche.
Salimos sobre las 7 como debe ser, y tras las tres primeras horas de camino el hambre apretaba y nos obligó a parar y pegar un bocado. Hasta aquí el trayecto monótono, pero no muy difícil, excepto una exigente pendiente de aproximadamente setecientos metros que te deja baldado, ¡menudo repecho!.
Tras el almuerzo una condena, casi seis kilómetros seguidos de bajadas con algún falso llano intercalado. No podéis imaginaros, los que no habéis hecho el camino, lo que cansa bajar. Lo digo en serio, el cuerpo tiende a bajar rápido (por la gravedad claro) y te empuja hacia abajo, mientras tú lo intentas frenar, por lo que los pies resbalan hacia delante en la bota y van friccionando la planta sobre la suela produciendo dolor por la fricción y peligro de generar ampollas.
El final cansado por la dureza del último tramo que se une al cansancio acumulado, tanto es así que a apenas 3 o 4 Km del final de etapa necesite parar en un bar a sentarme y tomarme una cerveza fresca, que me dio fuerza para acabar.
¡Ya estamos más cerca!
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miércoles, 25 de agosto de 2010
Sarria-Portomarin,¡comienza el espectáculo!
Si espectáculo, porque espectáculo es ver un pueblo lleno de caminantes dispuestos a comenzar la etapa a las 7 de la mañana, espectáculo es la belleza del camino, sus paisajes, espectáculo es ver la buena disposición de los caminantes a la ayuda y cooperación, en fin, lo dicho, un espectáculo con mayúsculas.
Nos despertamos a la 6 de la mañana, arreglarse rapidito, desayunar, preparar las mochilas y…a caminar poco después de las 7.
Un rió de caminantes salimos de Sarria a pesar de la molesta, aunque no muy intensa lluvia. ¡Menuda suerte! Empezamos lloviendo el primer día, un ligero contratiempo que fortalece al caminante, pues a lo largo del camino hay que pasar de todo.
Precioso camino en medio del bosque, pasando por sendas estrechas, subidas interminables, bajadas angostas, y afortunadamente muchos sitios de descanso para poder tomar algo.
A la derecha vacas pastando, a la izquierda más vacas, al frente el camino y si miras hacia abajo mierda de vaca. Pues sí, así es, el hermoso paisaje gallego tiene la característica de que te encuentras con vacas por todas partes.
La dificultad no es mucha, quizás disimulada por la ilusión del principiante y la belleza del camino. Aun así, antes de parar a mitad de etapa para almorzar, creía morirme.
A mitad camino, aproximadamente a los 12 Km paramos en Casa Morgade a almorzar. ¡Eso me dio vida! Tras el mismo salí como una auténtica moto, también animado por la música que escuchaba por el ipod.
Tampoco falto la parada para comprar la concha correspondiente y la calabaza y engancharlos a la mochila, por si no pesa bastante.
El camino finaliza en un puente sobre el río Miño que da entrada a Portomarín. La entrada al pueblo tras subir un tremenda escalinata, para rematar al caminante.
Todos a los albergues, pensiones, etc. para poder quitarse el calzado, darse una buena ducha e ir inmediatamente a reponer fuerzas. Tras lo cual no hay quien perdone una buena siesta, bueno al menos yo.
El pueblo que visitamos posteriormente es precioso y la comida, como imagino en toda Galicia, estupenda.
A recogerse pronto pues mañana será un día duro. Acostado sobre la cama repasas en tu mente todo lo vivido durante el día,aunque por poco tiempo,pues caigo dormido en seguida.
Nos despertamos a la 6 de la mañana, arreglarse rapidito, desayunar, preparar las mochilas y…a caminar poco después de las 7.
Un rió de caminantes salimos de Sarria a pesar de la molesta, aunque no muy intensa lluvia. ¡Menuda suerte! Empezamos lloviendo el primer día, un ligero contratiempo que fortalece al caminante, pues a lo largo del camino hay que pasar de todo.
Precioso camino en medio del bosque, pasando por sendas estrechas, subidas interminables, bajadas angostas, y afortunadamente muchos sitios de descanso para poder tomar algo.
A la derecha vacas pastando, a la izquierda más vacas, al frente el camino y si miras hacia abajo mierda de vaca. Pues sí, así es, el hermoso paisaje gallego tiene la característica de que te encuentras con vacas por todas partes.
La dificultad no es mucha, quizás disimulada por la ilusión del principiante y la belleza del camino. Aun así, antes de parar a mitad de etapa para almorzar, creía morirme.
A mitad camino, aproximadamente a los 12 Km paramos en Casa Morgade a almorzar. ¡Eso me dio vida! Tras el mismo salí como una auténtica moto, también animado por la música que escuchaba por el ipod.
Tampoco falto la parada para comprar la concha correspondiente y la calabaza y engancharlos a la mochila, por si no pesa bastante.
El camino finaliza en un puente sobre el río Miño que da entrada a Portomarín. La entrada al pueblo tras subir un tremenda escalinata, para rematar al caminante.
Todos a los albergues, pensiones, etc. para poder quitarse el calzado, darse una buena ducha e ir inmediatamente a reponer fuerzas. Tras lo cual no hay quien perdone una buena siesta, bueno al menos yo.
El pueblo que visitamos posteriormente es precioso y la comida, como imagino en toda Galicia, estupenda.
A recogerse pronto pues mañana será un día duro. Acostado sobre la cama repasas en tu mente todo lo vivido durante el día,aunque por poco tiempo,pues caigo dormido en seguida.
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