Todos los calendarios de la antigüedad eran lunares. Ha sido fundamental para la medición del tiempo, para marcar los meses y las estaciones, y para predecir el futuro. Como elemento mágico, los alquimistas de la Edad Media utilizaban la piedra lunar (feldespato), que ellos creían una gota de luz de Luna solidificada con poderes curativos y protectores.

La tradición oral conservó hasta nuestros días los mitos de las brujas que se reunían bajo la luz de la Luna a lanzar sus conjuros, o el mito del hombre lobo, que sufre su transformación en noches de luna llena. En las cartas del tarot se asocia la carta de la Luna a las visiones, la locura y el genio.
En algunas culturas primitivas se cree aún hoy en día que la Luna puede embarazar a las mujeres, por lo que evitan mirarla. La lunacepción es una teoría anticonceptiva que relaciona la luz lunar con los ciclos menstruales. Además,el plenilunio nos pone neuróticos y violentos, y acelera la fase final de los embarazos. Y la mala suerte perseguía a quien dormía con la luz de la Luna bañando su rostro, porque provocaba pesadillas y podía conducir a la locura.
En la antigüedad, fueron los Teutones quienes comenzaron con la práctica de la luna de miel: sus bodas se celebraban bajo la luna llena y después los novios bebían licor de miel durante 30 días. Eso si era una verdadera luna de miel.
Pero, ¿que tiene la luna que a todos nos cautiva?